domingo, 4 de marzo de 2012

Supervivencia en la Alta Montaña.

Los pasados días 24, 25 y 26 de febrero realicé un curso de supervivencia en alta montaña organizado por el Mando de Adiestramiento y Doctrina del Ejército de Tierra (MADOC) y la Universidad de Granada.

Los motivos por los que me decidí a realizar el curso fueron: aprender, poner en práctica y refrescar mis escasos conocimientos de progresión en alta montaña. Además, el curso me ofrecía la novedad de dormir en dos refugios de fortuna, la primera noche en una fosa excavada en la nieve y la segunda noche en iglú construido por nosotros mismos, experiencias que todavía no había vivido hasta la fecha.

Preparados

El curso comenzó con unas breves prácticas de progresión con raquetas de nieve, la nieve no reunía las condiciones adecuadas para progresar con este elemento, pero resultaba interesante que si no habíamos andando antes con ellas, como era mi caso, las conociésemos.

Vistas hacia el Veleta.

Posteriormente realizamos unas prácticas de rescate de personas atrapadas por un alud. Para ello previamente se habían escondido sepultadas en la nieve mochilas equipadas con el transmisor ARVA, y nosotros equipados con sondas y con otros transmisores ARVA en modo receptor teníamos que encontrar al supuesto accidentado, la práctica resultó interesante y puso de manifiesto lo evidente, lo mejor es evitar al máximo este tipo de accidentes, para ello se nos estuvo explicando diferentes nociones teóricas para poder evitar zonas con este riesgo.

Vistas hacia el Observatorio Astronómico.

Para finalizar la mañana del primer día se procedió a realizar prácticas de progresión por terreno nevado con crampones y piolet. Esta quizá fue la parte que a los que hemos pisado poca pero algo de nieve, nos resultaba más familiar, pero lo bueno de estos cursos es que aún así, nunca se deja de aprender cosas nuevas, así como a también uno se da cuenta de las cosas que antes hacías mal.

Preparado para las prácticas.

El día finalizó con la construcción de una fosa, refugio de fortuna para pasar la noche. En cada fosa dormimos dos personas, en la parte superior pusimos un poncho tensado con los piolets y las varillas de la sonda y en el suelo otro poncho, debajo del poncho del techo pusimos bastones transversales a modo de viga.

Fosa.

Tras tomar una sopa caliente y unos tallarines instantáneos que nos ayudaron a entrar en calor, nos dedicamos unos momentos a contemplar el bonito cielo estrellado que se veía desde allí arriba y una vez hecho esto, a dormir, que fuera ya no se podía estar. La noche no se hizo del todo muy pesada, teniendo en cuenta que era la primera noche que dormía en esas condiciones, estuve toda la noche a duerme-vela, en principio pensaba que iba a pasar más frío del que realmente pasé, cuando me fui al saco a las 21:30 h la temperatura que marcaba mi termómetro era de -9ºC. Eso sí, a alrededor de las 5 h de la madrugada, mi compañero y yo nos zampamos una tableta entera de chocolate que nos ayudó a entrar en calor.

Interior de la fosa.

Intentando dormir.

Al día siguiente, recién levantados un vaso de leche caliente con cacao, sí es que se podía nombrar así, yo más bien diría que un agua de deshielo, con un poco leche, cacao y algún que otro fideo despistado de la noche anterior, lo que hay que pasar… je, je, je.

Campo base.

En este día toda la mañana se dedicó a realizar prácticas de autodetección con piolet, la verdad es que resultó muy divertido y da confianza ver la manera tan eficaz con la que uno consigue pararse. Posteriormente estuvimos haciendo diferentes tipos de anclajes en nieve con “zetas”, bolsa de basura llena de nieve y enterrada, piquetas, estacas, etc.

Práctica de anclajes.

Por la tarde venía la novedad, la construcción del iglú, tras unas breves nociones teóricas sobre su construcción manos a la obra, serruchos, palas, y al lío. La verdad es que la construcción de un refugio de este tipo lleva un trabajo enorme, sobretodo para los principiantes como nosotros, supongo que con la experiencia será más fácil construir un iglú en condiciones más rápido y con menos esfuerzo. En principio, lo ideal era que el iglú estuviera construido prácticamente todo, salvo retoques, para cuando el sol se empezara a poner. En el momento que el sol se va la temperatura se dispara para abajo y esto es un elemento esencial para que todo el iglú se “suelde” y se comporte de una manera sólida.

La verdad es que el iglú era una pasada, hasta se cogía dentro de pié, un lujo comparado con la fosa, pero claro, visto el trabajo que cuesta construirlo, hay que pensárselo dos veces decidir hacerlo, de hecho mientras que la fosa es ideal para una o dos noches, el iglú merece la pena siempre que sea para varios días, como mínimo tres o cuatro.

Iglú con entrada.

Dentro el aislamiento acústico era alucinante, así como el térmico, ya antes que las temperaturas se hubieran ido a valores muy bajos, al entrar al mismo ya se notaba lo acogedor que era. De hecho esta noche la pasé peor que la anterior, y no precisamente por el frío, sino por el calor, a pesar de que al parecer a las 4 horas de la madrugada la temperatura fuera rondaba los -12ºC. De todas formas la experiencia mereció la pena.

El Iglú lo resiste todo.

De esta manera, llegamos al tercer día, esta mañana se dedicó a recoger el material, desentumecer los huesos y los músculos y a hacer una práctica de construcción de un pasamanos.

Así acabo la experiencia, una experiencia en la nieve en la que aprendimos desde el punto de vista técnico como personal, y que espero que nos ayude a salir con un poco más de seguridad a nuestras ansiadas montañas.

Desde aquí un abrazo y saludos para todos los compañeros partícipes de la experiencia, así como a los organizadores del curso, el MADOC y la Universidad de Granada, y como no a todos los profesores por su simpatía y buen hacer.

4 comentarios:

bélula dijo...

Bueno, no está nada mal, aprendizajes prácticos...
Me ha gustado mucho la foto del iglú con entrada. :)

estepablanca dijo...

La verdad es que es buen formarse y si esta formación es práctica ya no te digo. Te debía la foto del iglú con la entrada. Un saludo.

Cris y Rubén dijo...

Estas hecho un aventurero!!! Según lo cuentas, lo de dormir en una fosa a menos no se cuanto dan ganas de dejar el ordenador y salir corriendo a la montaña. Un abrazo.

estepablanca dijo...

Hola Cris y Rubén, que alegría tener noticias vuestras, me alegro de que después de haber leído la experiencia todavía te den ganas de salir a la montaña, la verdad es que es una experiencia totalmente recomendable. Muchos saludos.